V
No, ya no me quedaba nada, absolutamente nada. Ella se lo llevó todo, hasta el pasto verde que crecía después de hacer el amor. Como extraño sus pezones rozando mis muslos. Ahora anochece más temprano, la cursilería ha pasado a segundo término… La imagen que se ofrece a sus ojos atónitos parece emanada de un lento gotear de tiempo, un silabeo casi imperceptible que se relega: se evapora. Aunque la sustancia ya se confundía con el éter, ella insistía: “Aquí y ahora”. Hic et nume, para mi mente heterogénea. No bastó romper el cuarto de relojes sordos, ella repetía: “Aquí y ahora”, su voz sonaba en mis oídos taladrándolos. Qué era lo que esa mujer quería de mí. No le podía dar nada. Quizá una cachetada en su linda cara acabara con su voz y su sentido. No fue sino hasta la noche de ayer, que se dio cuenta que lo perdió todo. Aunque todos pensamos que nunca obtuvo nada, sólo la desdicha de que existió y que pronto iba a morir, sin ningún logro o dicha que realmente le hubiera valido el título de la vida, se jactó de la vida misma. En ese momento supe que habías llegado a mí, no fue necesario que te persiguiera más porque al final siempre había algo que nos atraía. Nunca supe como te conocí, ni como te hable. Por eso compré boletos para viajar a la playa más lejana desde aquí planeo el modo de olvidarte, matarte, no sé, aún no lo decido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario