12.12.08

Ejercicios de écfrasis (MAX)

La mirada quieta del mono perdura desde hace siglos no derrama una sola lágrima de añoranza por las manos tibias que le dieron su forma, condenándolo a la inmovilidad. El peso de su cuerpo oprime el sueño de despertar.
La sonrisa juguetona del murciélago le alimenta el corazón.
Las miradas nunca se han tocado, se extrañan, se desquician.
Su cuerpo pétreo se pulveriza con el beso del viento ¿Lo llaman acaso?

Mariana Carvajal Rosas

Ejercicios de écfrasis (MAX)


Andrés
Sí, todo comienza con un desprendimiento, de tiempo, de rostros, de palabras, hasta quedar fragmentos borrosos.

Marlén

Ejercicios de écfrasis (MAX)

Ileana

Y aquí estoy enfrentando mis demonios en mi ataúd de piedra…
… mudo sepulcro para una tierna y lenta agonía.

Andrés

Ejercicios de écfrasis (MAX)

* Alan

Aún no sé, o no sabemos qué es lo que pasa cuando te la pones. Hace 57 años que se vio por última vez en la cueva sangrada; después de esa ocasión nadie lo ha vuelto a ver. ¿Poder?, ¿muerte?, ¿salvación?, no sé, no sé qué pasa cuando te la pones o cuando la encuentras. Muchos la han buscado arriesgando su vida, sin saber siquiera a qué lleva el encontrarlo, a eso.
Dicen que no lo encuentras, que eso te encuentra a ti. Tú no lo busques, no preguntes, déjalos a ellos, a los demás, a los pobres de espíritu que lo busquen o que eso los encuentre a ellos: dijo el sabio axolotl.
Yo, lo busco ahora, lo busqué y lo seguiré buscando. No sé con que fuerzas, no sé si con placer. No sé si en realidad exista o no, pero lo buscaré arriesgando lo que sea, mi cuerpo o mi alma y no descansaré hasta que un día despierte y me vea hecho a su semejanza.
Y así fue, un día después de 57 años, cuando ya se había olvidado de eso, despertó y vio su reflejo en un metal, se vio un rostro diferente, deformado quizá. Era el rostro como de un gorila espalda de plata con dos cuencas sin luz. Sí, eso lo encontró, lo encontró a él en el olvido.

Eunice Moreno R.

Ejercicios de écfrasis (MAX)

Figurilla huasteca 300-900DC Pánuco y Tlazoltéctl huasteca 1000-1521DC Norte de Veracruz (Alejandro)


Y allí estaba ella, bajo el sol dorado del colorido verano, llevaba la vida en sus ojos y la muerte en sus pies mojados.
Recuerdo una cancioncilla que esa señora una vez me enseñó:
Colibrí enjoyado,
Colibrí engalanado,
¿a dónde mi flor alegre viste?
Mira que solo estoy,
Sin la sonriente hija
Del “pelos de elote”.
Colibrí enjoyado,
Colibrí engalanado,
Dile que yo sonreír no puedo,
Si Girasol no viene…
(seguramente esta canción era en el habla tradicional zapoteca)



Selene

Ejercicios de écfrasis (MAX)

Personaje con anteojeras
Sólo la cara es moderna
Sólo la cara no tiene época
Nomás la cara


Ángel Salazar Méndez

Ejercicios de écfrasis (MAX)

Personaje en movimiento (Selene)

Vasija Tlaloc 900-1200 DC (Selene)

Susana Vera

Ejercicios de écfrasis (MAX)

…y la vida se nos va en un lento caer de plumas, y nos sumimos en la maraña del tiempo y el espacio y somos materia polvo, nada. Tomar de tus manos la flor marchita y sorber en la piel el neuma de escarcha, las palabras, iztazihuat, son fermentos de maíz, son hojas que nos envuelven en un sembradío de tiempo, son tiempo que nos transporta a tu seno… tu seno de jade y piedra, y nos devuelve de nuevo a una realidad sin nombre donde soy todos los instantes, todas las voces, todas las plegarias… Dime, háblame, escúchame, ofréndame… Isis, Perséfona, Coatlicue… cuándo se nos fue la vida. Cuándo extraviamos el rumbo. Cuándo elegimos la muerte.
¿Cuándo fuimos peregrinos en busca de una profecía que ya se hace tan larga, tan ausente? Dime —Tezcatlipoca, Osiris, Saturno— ¿por qué calla el lucero del alba? ¿Por qué en una balsa de serpientes vivas parte a un exilio sin tiempo que envuelve al mundo en la sombra? —Xolotl, Yavhé, Alá—.

Mayco Osiris Ruiz 15/11/08

En clase de Surrealismo





* Cortesía de Marlen

Más retratos







Cadaveres exquisitos

V
No, ya no me quedaba nada, absolutamente nada. Ella se lo llevó todo, hasta el pasto verde que crecía después de hacer el amor. Como extraño sus pezones rozando mis muslos. Ahora anochece más temprano, la cursilería ha pasado a segundo término… La imagen que se ofrece a sus ojos atónitos parece emanada de un lento gotear de tiempo, un silabeo casi imperceptible que se relega: se evapora. Aunque la sustancia ya se confundía con el éter, ella insistía: “Aquí y ahora”. Hic et nume, para mi mente heterogénea. No bastó romper el cuarto de relojes sordos, ella repetía: “Aquí y ahora”, su voz sonaba en mis oídos taladrándolos. Qué era lo que esa mujer quería de mí. No le podía dar nada. Quizá una cachetada en su linda cara acabara con su voz y su sentido. No fue sino hasta la noche de ayer, que se dio cuenta que lo perdió todo. Aunque todos pensamos que nunca obtuvo nada, sólo la desdicha de que existió y que pronto iba a morir, sin ningún logro o dicha que realmente le hubiera valido el título de la vida, se jactó de la vida misma. En ese momento supe que habías llegado a mí, no fue necesario que te persiguiera más porque al final siempre había algo que nos atraía. Nunca supe como te conocí, ni como te hable. Por eso compré boletos para viajar a la playa más lejana desde aquí planeo el modo de olvidarte, matarte, no sé, aún no lo decido.

Cadaveres exquisitos

IV
Silencio. La mujer me pide que guarde silencio. Obedezco. Aprieto mis labios como si fuera una fuerza opresora tratase de destensarlos para convertirlos en el cúmulo infinito de copiosos cabellos. Sus hombros, trémulos y pálidos, eran a la vez acariciados por todas las lenguas. Sus labios eran pronunciados por todos los nombres para no encontrar dueño, aunque sí lo tenía, el perro que me veía fijamente mientras intentaba moverme, tenía un dueño. El hombre que gritaba “¿quién está ahí?” y que parecía furioso, salió de su casa portando un abrigo color carmesí, como todos los días, como todas las noches. Me pregunto si duermes, en dónde duermes y con quién duermes. No podía decir que con un peluche, iba a ser estúpido, decir la verdad sería más peligroso sólo respondí de la forma más coherente posible y a la vez su rostro, sus manos, su cuerpo; era suficiente conocer su alma de está manera, la condición era no llegar a desear algo más, no tenía sentido enfermar de esa manera otro de sus estados naturales del deseo, pero no le importó lo que había escuchado, las razones de los demás sobraban. Sonrió irónicamente, tomó el teléfono y comenzó a marcar los números, esperó, una voz muy familiar le contestó balbuceando, era el cura, el hermano de Andrea, quien años atrás le había hecho bajar al infierno y subir al cielo mientras fornicaban en el sagrario, elevando sus tempestuosas oraciones como una ofrenda santísima, y aquellas oraciones retumbaron en toda la nave.

Cadaveres exquisitos

III
La última gota de agua hirviendo calló sobre el ojo derecho de aquél y se dio cuenta que finalmente estaba completamente ciego. Se levanto del piso recién limpiado y emprendió su marcha hacía una playa nudista donde se liberaría y sería lo suficiente desinhibido para quitarse el bóxer y dejar sus enormes pezones al aire. Sus rasgos eran finos y al mostrar su cuerpo lo hacía con una naturalidad encantadora. Encantaba a los hombres con el candor de su alma, con la inocencia característica de su edad, belleza pura. El inútil pudor de cubrir su tersa blancura y la flor de su inocencia con un velo transparente, casi azul, incitaba más el estro. Al darme cuenta, mente cochambrosa, de mi impiedad, tome los cilicios de mi autocensura y me los pase con un baso lleno de quemeimportismo. Continué con mis alimentos, primero decidí comer un poco de sociedad, obviamente con sal y limón. Era un hombre fetichista, dubitativo y obseso. Gustaba de los pequeños placeres de la vida en compañía de un viejo saxofón y la foto de Justino (su único hombre en la vida) ¿Patético, no? Ahora sabe muy bien que los hombres nunca la llenaran del todo, y no es su instinto feminista ni la cama llena de vacío o su pesadez de semi-orgasmos. La verdad es que es insaciable, sólo masturbándose... y eso las tardes lluviosas, pues los días soleados le parecieron desde siempre pésimos para masturbarse... En el cuarto contiguo estabas tú, maltrecho y ciego, siempre gritando por el dolor que te causaban las mordidas de las ratas y el disgusto de tu encierro.
No sé como decírtelo: te odiábamos. Era así de simple, pero las palabras no salían de mi boca por más que lo intentara. Te odiábamos y aún así no podía decirlo, el sentimiento carcomía su conciencia y alma pero pronto se recuperó y se dio cuenta que todo y nada estaba dicho, que existió desde antes que se formara en el vientre de su madre.

Cadaveres exquisitos

II
Caminaba pausadamente para ver si la encontraba. Sabía que en este lugar, por lo general de días grises, sería imposible no distinguirla en caso de que apareciera. Su ropa de colores se desteñía poco a poco con el cloro que usaba al lavar, desde entonces usa ropa blanca y se ha vuelto un ermitaño que se la pasaba en su cuarto dándose amor propio mientras leía el libro vaquero. Un ermitaño que prefería comer sopa maruchan a ir a la cena navideña de su familia. Era apático, detestable y enfermizo. Una vida solo lo mataba, necesitaba de alguien, ¿de quién? una mujer o un hombre, no lo sabía. Ambiente penumbroso, demasiados afeites y ropa excesiva. Pero como de pronto el tumulto nos rodeaba y apachurraba por todos lados, como en las peores horas pico del metro, mi mano se aventuró a tentalear a toda mujer con hermosa figura (o no) que se aventuraba a pasar enfrente de mi finísima persona. ¡Qué hombre dios mío! ¿quién como él? ¿no era acaso el hombre de su vida? ¿no era la imagen que la despertaba cada mañana y que en su infancia esa mujer no le correspondia. Lo sabía, sabía que las mariposas Alicia estaban fuera de su alcance, aún así, soñaba con el retorno, el eterno retorno... pero que tontería ¿acaso Nietzsche no era un gran resentido?
“¡Mascullar entre las sabanas no es resentimiento!” le grité desesperado. Con la longitud de sus uñas respondió sobre el daño de mi piel. Mi grito sordo fue inútil en este oscuro jardín donde ya nada podía penetrarlo y ya nada podía salir. La oscuridad me tragó.

Cadaveres exquisitos

I
Si acaso cumplimos dos o tres promesas, faltan muchas, muchas más. Y ahora, yo me quedo con un recuerdo borroso de todo, de tí, de nosotros, y ¿todo por qué? ¿te casas? No pasó ni una milésima de segundo y es que respondí ¡Sí sí sí! con una gran emoción, ella me miró con un rostro de angustia, a quién no le duele que te roben a tu mejor amiga, y más si sabes que es alguien que dudas de su moralidad pero no de su destreza para engañar porque esas cosas que callaba eran las que terminaban siendo más importantes; a pesar, de tu exigencia por conocer su verdadera personalidad callaste tantas cosas que te permitieron existir en su mundo. Francamente todo le daba flojera, recordó las pastillas para dormir que su madre guardaba en secreto. Caminó sin hacer mucho ruido, despacio abrió el cajón del buró, por cada píldora pedía un deseo mientras sus sentidos poco a poco se iban haciendo confusos, entumeciéndose cada parte de su atormentado cuerpo. Poco a poco las cosas dejaron de ponerse dramáticas, ahora sólo queda un cadáver intoxicado de dolor y podredumbre, cuyos ojos desorbitados se posaban en mí, acusándome, mostrándose como evidencia fiel de mis pecados, los que le mancillaban las manos y la piel. No debió haber comido de ese cáliz. No así. La mente juega muchas bromas, le dijeron. En este momento, ya no podía retractarse. El tiempo decidiría por él. Pero no podía dejar de pensar que las pequeñas cosas que habitan en el quinto patio en la colonia de los filósofos alemanes. No es difícil pensar que todo lo ocurrido se pudo evitar si tan sólo ese día se hubiera despertado con Kant entre las piernas ¡de miedo! aunque más peligroso en tener allí a Hegel o a Foucault. “La cosa se está poniendo fea” pensé mientras lo despegaba de mi entre pierna, vi hacía la puerta de la habitación, entonces me di cuenta que el “Patotas” venía entrando traía un machete en la mano, así en su loquera les empezó a dar duro y tupido sobre sus cuerpos. Y cuando despertó el dinosaurio seguía ahí, dormido con los ojos abiertos. Se levantó, lo tapó bien con las cobijas y se fue por un vaso de leche. ¡Qué horror! Todo agrio, no había qué desayunar desde hace una semana y, ay, precisamente que decidimos salir a comprar, paró de llover.

Retratos






11.12.08

Preguntas & respuestas

1. ¿Cuándo se acabará el mundo?
Pues… desde antier pero por si acaso me baño diario.

2. ¿Cómo hacen el amor los abejorros?
De forma desesperada.

3. ¿Cuándo limpiarás tu casa?
Nunca.

4. ¿Por qué la gallina cruzó la calle?
Porque es necesario esperar a que haga digestión.

5. ¿Cómo funciona el metro cuando lo están reparando?
Primero meto la mano, giro la tuerca y ya se echa a andar.

6. ¿Cuándo es que dicen que caerá el meteorito?
Cuando ya se ha puesto morado y se le empiezan a saltar los ojos y las venas de la frente.

7. ¿Qué opinas del Quijote?
Me sacó la lengua para saludarme, o eso creí.

8. ¿Cómo le haces para ir al baño con los ojos cerrados, las manos atadas y sin sentido del olfato?
Pues con un poco de azúcar, dos yemas de huevo, una taza de harina y un sartén bien caliente.

9. ¿Cómo lees una novela de 843 páginas de un día para otro?
Siempre he pensado al respecto que lo mejor es salir corriendo, patitas pa´ qué las quiero.

10. ¿Cuándo sabré si realmente existo?
El día que te vi desnudo y me parecías insípido.

11. ¿Es cierto que no te has bañado en una semana?
Todo fue tan rápido que no me di cuenta.

12. ¿Cómo fue, con todo y tu historial tan negro, que viniste a dar a la Facultad de Letras?
Saca del cajón de la ropa sucia unos calcetines y cocínalos.

13. ¿Cuándo podré ir al baño en paz?
Sinceramente creo que estás loca pero tengo unas pastillas que te pueden ayudar.

14. ¿Cómo se te ocurren tantas babosadas?
Fue muy fácil. Esperé a que todos se quedaran dormidos.

15. ¿Dónde está el Dios que nos abandonó?
Escuchando a las habichuelas que se cocinan en el sartén.

16. ¿Cómo es que has llegado hasta aquí?
Primero lo rascas, luego lo hueles.

17. ¿Por qué Alejandro tiene tanto calor hoy?
Porque los animales no son baratos hoy día, y menos si son tan exóticos.

18. ¿Cuándo será el día en que saque un 10 en la clase de Ale?
No tengo la menor idea. Nunca le he entrado a eso.